17/06/2016


Noticias de guion

La herida sangrienta del guion original y su rescate

El guion original vive, a día de hoy, una de las peores situaciones de su historia. Por un lado, las adaptaciones siguen imparables en su ascenso. Si ya William Constanzo estableció en su clásico "Reading the movies" que un tercio de la producción mundial de películas cinematográficas provenía de la adaptación de novelas, la estadística asciende al 65% si a estas les añadimos otro tipo de adaptaciones literarias como relatos cortos, obras de teatro... Y si a estas les sumamos cómics, videojuegos, artículos periodísticos, biografías...como señala el cineasta Eric Tozzi, podríamos hablar del 70-75% de la producción cinematográfica mundial. Y eso no es todo. El respeto, el valor subjetivo e incluso el precio que la producción internacional le otorga al guion adaptado, lo coloca en otro rango. ¿En qué lugar deja eso al guion original?

Sería absurdo pretender negar el valor de las adaptaciones y, todavía más, combatirlas. Recordemos que Georges Méliès fue el primero en adaptar una obra de la literatura para la pantalla cuando, en 1902, tomó el texto de Julio Verne "De la Tierra a la Luna" y lo transformó en su famosa "Un viaje a la luna", considerada una de las 100 mejores películas del siglo XX por el Village Voice. Méliés siguió adaptando obras como Los viajes de Gulliver (1902), Robinson Crusoe (1902), y "La leyenda de Rip Van Winkle (1905). Otros cineastas europeos siguieron su ejemplo y comenzaron a hacer adaptaciones de textos clásicos. En Estados Unidos también se sumaron a la corriente, adaptando novelas, teatro, cuentos, poemas… La popularidad de las adaptaciones siguió en aumento hasta el punto que, en 1939, casi todas las películas que competían por un Oscar de la Academia de Cine de Estados Unidos eran adaptaciones. Entre 1927 (cuando se crearon los Oscars) y 1977, el 75% de los premios a la "Mejor Película" fueron a adaptaciones. Para 1992 la estadística había subido al 85%.

No se trata de discutir, pues, ni la historia del cine ni lo que tiene un valor indiscutible. Sería propio de ignorantes si la pasión por la defensa del guion original, pasara por cerrar los ojos al valor que las adaptaciones han aportado al arte e industria cinematográfica. ¿Pero por qué esa diferencia con el guion original?

Para empezar, constatemos unos cuantos hechos de nuestra propia cinematografía, que se pueden extrapolar fácilmente a otros países y que empiezan en el mundo del guionista:

1) Antes siquiera de iniciar un primer contacto sobre un guion original, suele existir, en un gran número de instancias, una doble suspicacia: el guionista (sobre todo el novel) teme que le plagien, y el productor teme que el guionista (sobre todo el novel) le ponga una infundada demanda por plagio. Resultado: si el guionista no se fía del productor y el productor no se fía del guionista (algo que suele suceder si no lo conoce), existe un patente potencial de estancamiento y de que nada suceda.

2) Suponiendo que se desbloquee la primera barrera y que el guion original despierte interés, nos enfrentamos a la segunda: entre el 70% y el 85% de los guiones originales (variación que depende del colectivo sociodemográfico) se "mueven gratuitamente, es decir, sin contrato de opción. Estadística basada en los estudios realizados sobre la población de guionistas españoles, que empeora en algunos países de habla hispana. En contraposición, es impensable que una obra a adaptar se mueva sin un contrato de opción. Es decir, el guion original se suele mover "gratis", sin contrato de opción, e, incomprensiblemente, el riesgo empresarial se le deriva al guionista en la mayoría de los casos. Por el contrario, cuando se trata de obra adaptada, el productor asume un lógico riesgo empresarial y firma un contrato de opción sobre los derechos de autor.

3) Incluso si se cierra la venta, el presupuesto destinado a la partida de guion original suele ser significativamente inferior a la de guion adaptado (al que se suman los derechos de adaptación cinematográfica).

En el mejor de los casos, el guion original sobrevive, precariamente valorado. En el peor, perece en el camino. Consecuencia: incluso si es un buen guion, un excelente guion, lo más probable es que acabe en un cajón o en un viejo disco duro, y quede para siempre en el olvido.

¿Por qué esta diferencia en el enfoque, en la lógica y en el trato, cuando se barajan guiones originales?

Por extraño que parezca, en la actualidad, la situación que vive el guion original se asemeja mucho a la que sufría el teatro en la época de Shakespeare, cuando los textos eran arrojados sin piedad a la basura una vez producidos o si nunca se llegaban a producir. Acostumbrados al sistema actual, en el que una editorial publica el texto dramático primero, y si le gusta a un productor de teatro después, entonces ve la luz como obra en un escenario, nos olvidamos que no siempre fue así y que el menosprecio, encubierto pero cierto, hacia el texto escrito llegó a ser similar al que sufre nuestro querido guion original.

El desdén generalizado que se experimenta por la masa de textos circulantes no publicados, sumados a la invisibilidad con la que la propia masa de textos baña a las verdaderas joyas, hace que con unos siglos de diferencia nos encontremos ante un contexto muy similar al que se hallaban nuestras obras hermanas, a pesar de estar bendecidas ya con la etiqueta de "género literario" desde la clasificación que iniciara Aristóteles en "La Poética".

La errónea percepción de que tinta y papel no tienen valor alguno y que no existe motivo suficiente para preservar algo tan abundante, siempre ha llevado a una cascada de desperdicio cuyo origen es el ignorar que los textos no son como los tornillos. Aparte de la obviedad respecto a la propia materia de la que están hechos, no todos son iguales incluso si están escritos en el mismo formato. Hay textos de gran valor entre textos de poco valor. Pero, desde luego, lo que le otorga o no valor a un texto no es el hecho de que alguien lo convierta en obra teatral o cinematográfica. Hamlet fue Hamlet y hubiera sido Hamlet, representado o no. Y un texto verde, de imposible digestión, no se elevará al séptimo cielo porque alguien decida invertir estúpidamente los euros suficientes para materializar su dolorosa exhibición.

Todo autor profesional es consciente de esta realidad. Pero no todo profesional del sector audiovisual lo es.

Si bien el teatro parece haber frenado la destrucción masiva de sus textos gracias a la imprenta, la no transformación de los guiones cinematográficos en obras audiovisuales sigue sido sinónimo – incorrecto- de papel y tinta sin valor. Esto ha provocado y está provocando uno de los grandes despilfarros culturales de nuestra era, al igual que en los tiempos de Shakespeare se perdieron grandes obras de teatro que nadie ha podido disfrutar.

Si a estas alturas alguien todavía se está cuestionando el valor de un texto original debido a que la vida no le regalado la posibilidad de experimentar el deleite que produce la lectura de un buen guion - aun si este jamás se llega a producir-, no tiene más que consultar la cantidad de guiones que estaban listos para la hoguera de los recuerdos y fueron rescatados por la plataforma The Black List. La resurrección de las letras que yacían en el cementerio del olvido provocaron estadísticas bastante impresionantes, en número de producciones, en Oscars y en taquilla. Desde su inicio en 2005 y hasta la fecha, 318 obras producidas, con una taquilla conjunta superior a 25.000 millones de dólares, 48 Oscars y 241 nominaciones, y entre los Oscars, 11 de los últimos 22 obtenidos por guion original y adaptado (50%), y 4 de los últimos 9 a mejor película (45%).

Para los amantes de lo concreto, los guiones los 11 guiones que lograron el Oscar gracias a The Black List fueron: "Spotlight" (Thomas McCarthy y Josh Singer, original, 2015), El francotirador (Jason Hall, adaptado, 2015), Descifrando Enigma (Graham Moore, adaptado, 2014), "Django desencadenado" (Quentin Tarantino, original, 2012), "Argo" (Chris Terrio, adaptado, 2012), Los descendientes (Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash, adaptado, 2011), "El discurso del rey" (David Seidler, original, 2010), La red social (Aaron Sorkin, adaptado, 2010), "Slumdog Millionaire" (Simon Beaufoy, adaptado, 2008) y "Juno" (Diablo Cody, original, 2007) y "Pequeña Señorita Sunshine" (Michael Arndt, original, 2006) . Y las cuatro películas fueron: "Spotlight", "Argo", "El discurso del rey" y "Slumdog Millionaire".

Todo entendido en la materia sabe que The Black List se ha convertido en la plataforma de visibilidad por excelencia gracias a una base de datos internacional que permite a los guionistas subir sus guiones (en inglés), ser evaluados por analistas de guion profesionales (tras previo pago) y, después de un proceso de evaluación y recomendación, ser enviados un conjunto de profesionales de la industria audiovisual superior al medio millar. Pero más allá de la posibilidad de exponer obra, la filosofía inicial de la iniciativa fue la de rescatar obra olvidada, guiones que se habían quedado en el camino pero que tenían potencial.

De todos estos datos expuestos hasta el momento podemos sacar varias conclusiones:

1) El guion original suele recibir un peor trato que el guion adaptado

2) La industria descarta invariablemente guiones que son valiosos y que de ser producidos generarían taquilla, premios, y valor cinematográfico

3) Internet ofrece recursos para variar estas realidades indeseables

En ese sentido, iniciativas como la que el sindicato de guionistas ALMA ha cerrado con The Black List, ofreciendo descuentos a sus miembros, son bienvenidas y gratas para los guionistas españoles sindicados. Pero más importante aún es que la plataforma está abierta para todo quien desee participar en ella, sea del país que sea, si su guion está escrito o traducido al inglés.

¿Y el mercado hispanohablante?

En 2004, Abcguionistas inauguró su popular Tablón de Anuncios para fomentar el intercambio y la conexión de obra, servicio 100% gratuito, vigente en la actualidad. Poco más tarde, el mismo año que en Estados Unidos nacía The Black List, inauguró la plataforma de visibilidad Esparate del Guion con la colaboración de 36 productoras, como servicio de pago, entre ellas, una pionera Vaca Films Studio (2005), Aiete-Ariane Films (2005), Impala (2005), Morena Films (2007), Jet Films (2007), Notro Films (2008), Diagonal TV (2008), Star Line Productions (2008), Kanzaman (2008), Filmax (2008), Pedro Costa P.C. (2008), Cuarzo Producciones (2008), Europroducciones (2009), Rodar y Rodar (2009), Videoreport BSV Producción (2010), La Fábrica Naranja (2010) o Tormenta Films (2012). De ambas iniciativas han salido contratos de guion, equipos de guionistas para cine, series de televisión y web series, así como coautorías. En la misma línea y siguiendo prácticamente la misma base del Escaparate del Guion de Abcguionistas, recientemente salió la plataforma de pago Filmmarket Hub, con 24 productoras que consultan proyectos, si bien todavía temprano para juzgar posibles resultados. Todas estas plataformas están operativas, y las dos últimas operan fundamentalmente en territorio español

Para el territorio internacional hispanohablente, con la ayuda del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, Ars-Media desarrolló un proyecto denominado BiblioAutor, una plataforma y biblioteca virtual de autores con vocación doble, similar a la que posee The Black List: por un lado, visibilizar obra nueva y, por otro, rescatar obra antigua que haya sido descartada pero que valga la pena.

Además de estos dos propósitos fundamentales, posee otros dos secundarios: neutralizar la parálisis ante la palabra plagio y revalorizar del guion original como texto escrito.

Para ello, esta plataforma internacional se basa en varias características:

1) Publicación del guion en formato libro electrónico, con ISBN, que disminuye ipso facto el riesgo de plagio (a guionistas) y de demandas por plagio a productoras), y además concede al guion un valor intrínseco como texto, equivalente al que conquistó el teatro, sin necesidad de esperar siglos de evolución natural.

2) Visibilidad del guion en la plataforma con posibilidad de incorporar elementos que ayuden a valorizarla: teaser, pitching (en audio o vídeo), análisis profesionales y documentación adicional.

3) Democratización en la valoración de guiones por parte de la comunidad de miembros, que puede votar o reseñar las obras.

4) Exposición a productoras, sin necesidad de gastarse buscando citas (al estilo The Black List o del Escaparate de Guion de Abcguionistas).

5) Representación de la obra expuesta ante las productoras interesadas, para obtener mejores resultados en la negociación.

BiblioAutor, además de mantener la doble vocación de rescatar obra y de descubrir obra, al igual que The Black List, tiene el propósito de hacer florecer los puentes entre guion y producción, y la meta de acabar con la imposibilidad del guionista novel de hacer llegar su obra a quien puede producirla.

Por supuesto, el campo de guion, y especialmente el del guion original, tiene todavía mucho terreno por conquistar. Pero parece indudable que Internet está trayendo soluciones que anteriormente no hubiéramos siquiera soñado.

Hoy en día, el guionista hispanohablante tiene varias opciones ante sus manos:

- Tablón de Anuncios de Abcguionistas: servicio gratuito, guiones en español, mercado internacional hispanohablante

- The Black List: servicio de pago, guiones en inglés, mercado internacional en inglés

- Escaparate del Guion: servicio de pago, guiones en español, mercado español

- Filmmarket Hub: servicio de pago, guiones en español, mercado español

- BiblioAutor: servicio de pago, guiones en español, mercado internacional hispanohablante

Nuestra recomendación a un guionista con nueva obra es que la exponga en el máximo número de canales posible, con el fin de llegar al máximo de ojos.

¡Hay que perder el temor a que nos “gasten” la obra si la leen demasiado! Lo absurdo de la preocupación es que la realidad suele ser la contraria: ¡que nadie la quiere leer! Los dramaturgos han marcado con éxito el camino de la publicación previa de sus textos originales, pero es que además no podemos perder de vista que hasta el 75% de la producción mundial se basa en adaptaciones, es decir, en material previamente expuesto a los ojos de miles de personas. Por consiguiente, no se puede más que concluir que temores de esa índole, mejor embarcarlos en el cohete de Méliès y ponerlos rumbo a la luna.

Para abrir brecha en esta nueva vía de exposición de obra a través de la publicación electrónica en la biblioteca virtual, BiblioAutor y Abcguionistas han rescatado guiones de autores tan conocidos como Ignacio del Moral, Joaquín Oristrell, Yolanda García Serrrano, Carlos Asorey, Luis María Ferrández, Alex Calvo Sotelo, Juanjo Ramírez Mascaró, Elisa Segarra o Juan Carlos Rubio, algunos de ellos ya en las mesas de conocidas productoras. Además, en colaboración con el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes se han rescatado 12 guiones originales de largometraje subvencionados por el ICAA que serán publicados en BiblioAutor en la segunda quincena de marzo.

No es realidad únicamente española el que un Ministerio de Cultura haya invertido millones de euros en subvencionar obra escrita de autores guionistas, sin que la gran mayoría de esos guiones fueran transformados en obra audiovisual ni el fruto fuera recogido de ninguna otra forma. Esas obras originales que reposan en cajones significan un derroche enorme de recursos económicos y culturales, sin que nadie haya podido obtener provecho alguno hasta la fecha.

La pregunta es: si las obras originales son suficientemente buenas, tanto como para deleitar a los comités de selección, a los asesores de guion que las han leído, a los productores que quisieron desarrollarlas y previsiblemente a otros colegas de profesión y al público en general ¿merece la pena rescatarlas, publicarlas como obra escrita -al igual que se hace con las obras de teatro-, y así redimirlas de su triste final y dar algún sentido y rendimiento al dinero público o privado invertido en ellas?

Muchos creemos que sí, y nos hemos puesto a ello.

El rescate de guiones originales es una impresionante conquista iniciada por The Black List con resultados deslumbrantes que se también se pueden extender al mundo de habla hispana.

El que así sea, está en las manos de todos los que nos dedicamos a escribir guiones y a producirlos.

Valentín Fernández-Tubau
Cofundador y director de Abcguionistas

Más información de BiblioAutor: http://www.marcadeautor.net/biblioautor/

20/03/2016 11:49:29

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