30/03/2014


Noticias de guion

François Ozon habla sobre "Joven y bonita"


Ozon

Llega este viernes a las salas españolas la película del prolífico y ecléctico François Ozon "Joven y bonita / Jeune et jolie", estrenada el año pasado en Cannes y vista también en el Festival de San Sebastián, donde el año precedente (2012) obtenía el cineasta francés la Concha de Oro en San Sebastián con "En la casa". Sugerente, provocadora y polémica, la cinta cuenta la historia de una chica en cuatro estaciones del año. A los 17, Isabelle (Marine Vacth) vierde la virginidad de una manera nada placentera, pero sorprendentemente, unos pocos meses después, y a pesar de pertenecer a una familia acomodada y tener sus necesidades cubiertas, decide dedicarse a la prostitución.

- ¿Cuál es el punto de partida de "Joven y bonita"?
Después de "En la casa" y de lo mucho que disfruté dirigiendo a Ernst Umhauer y a Bastien Ughetto, me apetecía volver a trabajar con actores jóvenes. Mis primeros largos y cortometrajes hablan mucho de la adolescencia, pero a partir de "Bajo la arena" empecé a trabajar con actores de más edad. "Joven y bonita" nace de mis ganas de filmar a la juventud actual. Y como acababa de trabajar con chicos, me apetecía hacerlo con una chica.

- Isabelle no es una chica joven cualquiera... Se dedica a la prostitución de forma voluntaria...
La película gira, sobre todo, en torno a lo que significa tener 17 años y sentir cómo se transforma el cuerpo. El cine suele idealizar la adolescencia. Para mí fue un periodo complicado, de sufrimiento y de transición, del que no siento la menor nostalgia. No quería mostrar la adolescencia como un momento sentimental, sino más bien como un momento casi hormonal; algo fisiológicamente muy poderoso ocurre en nuestro interior, pero al mismo tiempo nos sentimos anestesiados. Por eso violentamos nuestro cuerpo, para sentirlo e ir más allá de los límites. La prostitución era una forma de exacerbar este aspecto, de mostrar que la adolescencia plantea ante todo cuestiones relativas a la identidad y a la sexualidad. Una sexualidad aún no conectada con los sentimientos.

- Su personaje vive en el seno de una familia burguesa, y no se prostituye por necesidad económica. ¿Cuál es su motivación?
No se prostituye para sobrevivir ni para pagar sus estudios, sino porque siente la necesidad visceral de hacerlo. También habría podido drogarse o ser anoréxica, cualquier cosa, mientras fuera secreta, clandestina, prohibida. La adolescencia es un periodo baldío en el que todo es posible. Y eso es lo más apasionante, lo que Rimbaud describe en el poema "La seriedad no existe a los 17 años". Existe una apertura hacia el mundo sin consideraciones morales. Al prostituirse, Isabelle tiene una experiencia, realiza un viaje, pero no por eso es una perversión.

- Lo que de entrada choca es que su primera experiencia sexual no resulta placentera, lo cual es un tanto contradictorio con su posterior vocación por el sexo profesional.
Hablando con la directora y actirz Marina de Van, tuve la idea del desdoblamiento en el momento crucial de la pérdida de la virginidad. Esa sensación puede sentirla tanto una chica como un chico cuando descubre la sexualidad; se está aquí y, a la vez, en otra parte, como un observador. La escena me permite preparar a los espectadores para la doble vida de Isabelle.

- Mucha gente queda desconcertada por la falta de explicación directa de la actitud de su protagonista. Usted ni siquiera la relaciona con la ausencia de su padre.
No, me limito a dejar pistas para que el público las use si le apetece. Hay múltiples razones por las que Isabelle se comporta así, y cada uno puede interpretarlo como le plazca. Me gusta que el espectador tenga la posibilidad de elegir. Yo mismo veo a Isabelle como un misterio. No voy por delante de ella, me limito a seguirla, cual entomólogo que acaba enamorándose de un insecto. Isabelle habla poco de sí misma. Quizá me interesaba más acompañarla, identificarme con ella. Es fácil reconocerse en muchas de las preguntas que se hacen Isabelle y sus padres, probablemente porque están sacadas de la realidad y las hacen actores muy entregados. Los personajes se desestabilizan por una situación compleja y se esfuerzan en la medida de sus posibilidades.

- Hay un elemento cronológico en su película, ya que la trama se desarrolla en las cuatro estaciones del año, cada una ilustrada con una canción de Françoise Hardy.
Sí, me gusta dibujar un marco formal dentro del que disfruto de libertad total. La historia transcurre en un año escolar. Las canciones puntúan la película. Es la tercera vez que utilizo temas de Françoise Hardy después de incorporar "Traüme" en "Gotas de agua sobre piedras calientes" y "Message personnel" en "Ocho mujeres". Sus canciones me gustan porque reflejan el amor adolescente: un amor desgraciado, desilusionado, romántico… Me pareció interesante sincronizar esta versión icónica con un retrato más crudo de la adolescencia. En el fondo, Isabelle también tiene ganas de adherirse a un modelo de adolescencia sentimental e idealizada, como la que desean sus padres, pero antes debe encontrarse a sí misma, enfrentarse a los deseos conflictivos que habitan en ella. Solo entonces podrá enamorarse.

- La prostitución adolescente es un fenómeno de la sociedad actual. ¿Cómo enfocó la historia sin caer en lo sociológico o sensacionalista?
No tuve más remedio que documentarme. Ha habido muchos cambios desde mi adolescencia, sobre todo en lo que respecta a los medios de comunicación. Los móviles e Internet juegan un papel preponderante en el descubrimiento de la sexualidad. Me documenté, hablé con miembros de la brigada de menores, con otros policías especializados en las nuevas prostituciones y con el psicoanalista Serge Hefez, que se dedica a adolescentes con problemas. Necesitaba material para confirmar mis hipótesis y alimentar la película. Al final, me alejé de todo lo anterior para introducir apuestas ficticias.

- ¿Cómo enfocó las escenas sexuales?
Mi idea era que fueran realistas, pero nunca degradantes ni sórdidas. No quería realizar un juicio moral. Es obvio que algunos clientes tienen desviaciones, pero ante todo quería enseñar cómo se adapta Isabelle a los gustos de sus clientes. Es el receptáculo del deseo de los demás, pero ella desconoce el suyo. También es más cómodo para ella que los demás sientan deseo y ella no. No quise embellecer la realidad, pero es posible que Isabelle lo haga.

- ¿Qué le hizo escoger a Marine Vacth para el papel de Isabelle?
Ocurrió muy deprisa, como me pasó con el joven actor de "En la casa". Enseguida me di cuenta de que era mejor trabajar con una actriz algo mayor que el personaje para conseguir madurez y distanciamiento en la interpretación.
Había visto a Marine en "Ma part du gâteau", de Cédric Klapisch. Nada más conocerla, noté en ella una fragilidad tremenda y, a la vez, mucha fuerza. Volví a sentir lo mismo que cuando filmé la piel y el rostro de Charlotte Rampling en "Bajo la arena". Hay algo más detrás de su apariencia física. Su belleza enmascara un misterio, un secreto que despierta la curiosidad, las ganas de saber más.

GOLEM / Noticine

04/02/2014 23:39:58