20/11/2010 - 12 usuarios online


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Mateo Gil termina su "western boliviano"

Gil
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Este fin de semana termina el rodaje de la nueva cinta del guionista y realizador español Mateo Gil, cómplice permanente de Alejandro Amenábar. Se trata del western que protagonizan el norteamericano Sam Shepard, el español Eduardo Noriega y la peruana Magaly Solier "Blackthorn", coescrito conMiguel Barros, sobre un maduro vaquero instalado en Bolivia, que es en realidad Butch Cassidy, y su relación con un joven ingeniero de minas español acusado de haber robado en su empresa.

Ahora Mateo Gil, dice El País, que ha hablado con él, ha fusionado los dos mitos, Cassidy y Sam Shepard, en Blackthorn. "En realidad, contactar con Sam fue bastante fácil", comenta Mateo Gil en un descanso del rodaje. Vía telefónica, a miles de metros de altura en el altiplano boliviano, el director y guionista -que este año se llevó dos goyas con el libreto de Ágora y el cortometraje Dime que yo- desgrana su relación con Shepard-Cassidy en un rodaje que acaba mañana sábado. "Shepard leyó el guion y aceptó rápidamente la propuesta". ¿Pidió hacer su propia reescritura? "En absoluto. Eso sí, cada día estudia el texto y propone cosas porque dice que así está más vivo. Yo lo agradezco: nunca ves al actor, sino al personaje".

El cineasta canario recalca que Blackthorn es ficción... aunque una ficción documentada. "Como es bastante seguro que Cassidy falleció en 1908, todo lo que contamos es inventado, con unos personajes de ficción que sin embargo habitan un mundo absolutamente real, el de la Bolivia de finales de los años veinte, con un Cassidy de sesenta años, dos décadas después de su posible asesinato. Por eso rodamos en estos escenarios bolivianos. El paisaje aporta, impresiona". ¿La sombra de Dos hombres y un destino, con Paul Newman como Cassidy, no es alargada? "No, porque no tenemos nada que ver".

Mateo Gil tira el mito del tipo huraño de Shepard a la basura: "Sam es muy dicharachero, de cenar en compañía y contarnos historias". En eso recuerda al auténtico ladrón de bancos. "Es cierto. Butch era un tipo frío ante el peligro, con una ideología muy clara en sus robos, que nunca mató a nadie -al menos no tiene atribuido ningún asesinato hasta el día del tiroteo que acabó con su vida- y un profesional de los atracos. En la época le definían como muy amable, divertido, generoso y justo con los suyos. Cultivó una fama de Robin Hood".

Si algo tienen los westerns crepusculares, y Blackthorn va por ahí, es una profunda moralidad. "Para mí es el género más político. En Blackthorn hablamos de la amistad que une a un tipo mayor con un joven [un ingeniero de minas y atracador español que encarna Eduardo Noriega]; en toda la trama hay una postura moral". Una moral basada en la lealtad y la justicia humana, una moral al estilo Shepard.

© EL PAIS - abc guionistas

04/06/2010 21:58:52