16/07/2013 - 30 usuarios online


Noticias de guion

El control absoluto de Matthew Weiner sobre su éxito Mad Men

Weiner con dos de sus actores
Weiner con dos de sus actores

No revelar en qué año transcurre la acción. Ni siquiera hacer mención a los nuevos personajes o a las relaciones que se establecen entre ellos, aunque eso se desvele en cuanto comience el episodio. Las anteriores son sólo algunas de las indicaciones que se incluían en la carta que Matthew Weiner, el creador y showrunner de Mad Men hizo llegar a los críticos de televisión que vieron anticipadamente el primer episodio de la sexta temporada, estrenado hace unas semanas.

Es sólo un ejemplo del control absoluto que ejerce el guionista sobre su serie, obsesionado porque ningún detalle escape de sus manos. Otro ejemplo son las promociones de los episodios (los típicos anuncios del próximo episodio que emite el canal durante toda la semana), supervisadas por él y en las que no se desvela nada, ni siquiera aparece una sola imagen del capítulo que se anuncia. Weiner no es el creador de Mad Men, es el amo y señor de todo el universo de Don Draper.

Durante los 90 fue guionista de algunas sitcoms hasta que David Chase lo incorporó al equipo de Los Soprano, donde escribió varios episodios de las últimas temporadas. Por aquel entonces ya tenía escrito el borrador del episodio piloto de la serie que le convertiría en multimillonario.

Pero ningún canal quería en su parrilla una serie sobre unos publicistas en el Nueva York de los años 60. Showtime (el canal de Dexter) la rechazó y la todopoderosa HBO no quería a un don nadie como Weiner al frente de la serie. La única televisión interesada fue AMC, un canal que se dedicaba a emitir cine clásico. Y ahí es donde empezó a emitirse una serie que cambiaría la vida (y la cuenta corriente) de Weiner y pondría en el candelero a un canal que desde aquel momento, gracias al éxito de Mad Men, se haría mundialmente famoso por ser el impulsor de series tan punteras como Breaking Bad, Walking Dead o The Killing.
Ningún canal quería en su parrilla una serie sobre unos publicistas en el Nueva York de los años 60

Poco a poco, Mad Men, además de ir ganando audiencia, fue convirtiéndose en la favorita de los críticos, a tener una influencia creciente en la televisión y la moda, y en arrasar, año tras año, en las entregas de premios (es, junto a El Ala Oeste de la Casa Blanca y Canción triste de Hill Street, la única serie que ha ganado cuatro Emmys consecutivos al Mejor Drama). Y claro, Weiner no iba a dejar que su criatura siguiera creciendo y se le fuera de las manos.

Al finalizar la tercera temporada de la serie, cuando estaba en lo más alto, el canal AMC y la productora Lionsgate TV, que son quienes ponen el dinero, tuvieron que negociar las condiciones con Weiner. Querían, debido al elevado coste por capítulo, poder incluir product placement, acortar en dos minutos cada episodio para poder incluir más publicidad y eliminar a algún actor, entre otras medidas. Weiner dijo que no.
Weiner firmó un estratosférico contrato de 30 millones de dólares con la productora así como el absoluto control de todos y cada uno de los detalles de su serie

Los fans de la serie estuvieron en vilo durante meses porque su continuidad estaba en peligro por la cerrazón de su creador. Incluso se habló de un cambio de canal. Pero Weiner sabía que tenía la sartén por el mango y no iba a ceder, consciente de que AMC no podía prescindir de su serie estrella, el producto que la había convertido en el canal de referencia para todos los seriéfilos. Así que finalmente llegaron a un acuerdo y Weiner firmó un estratosférico contrato de 30 millones de dólares así como el absoluto control de todos y cada uno de los detalles de su serie, algo a lo que no estaba dispuesto a renunciar: “Toda la serie sale de mi cabeza y sí, soy un maniático de la perfección” como dijo en una ocasión el creador de Don Draper, que ya sabe qué final dará a su serie (la próxima será la última temporada).

Mad Men es perfecta. Los críticos lo reconocen, la industria lo avala y Weiner lo sabe. Por eso, su control es absoluto hasta tal punto que, tal y como han reconocido alguna vez sus protagonistas, los actores no pueden ni improvisar un mínimo gesto si no está escrito en el guion.

ZOOM NEWS / Noticine

07/05/2013 21:32:37